Teatro aficionado en Santo Domingo de la Calzada

Nuestra ciudad vivió una época de esplendor teatral aficionado durante las décadas de los años 20 y 30. Una de las circunstancias que ayudó a ello fue la inauguración el 11 de mayo de 1921, en plenas Fiestas del Santo, del Teatro Calceatense. Este coliseo estaba situado al principio de la calle Pinar, donde hoy se encuentra la Hospedería Cisterciense y anteriormente el viejo frontón. Su construcción supuso para la ciudad un gran hito, pues Santo Domingo pudo contar por fin con un moderno y cómodo espacio teatral. Hasta entonces se utilizaba un modesto teatro que estaba situado en la plaza Mayor, del cual hoy no tenemos datos, pero que posiblemente estuvo más cerca de un corral de comedias que de un teatro “a la italiana”. Su inauguración no sólo enriqueció el panorama cultural de la ciudad, sino que quizás propició el nacimiento del Cuadro Artístico Calceatense, agrupación teatral de aficionados que puso en escena entre 1928 y 1943 trece obras teatrales.

Concretamente entre esos años el Cuadro representó: “Que viene mi marido” (1928), de Carlos Arniches; “La Praviana” (1929), de Vital Aza; “El señor Adrián el primo o qué malo es ser bueno” (1929), “Para ti es el mundo” (1930, dos representaciones) y “Me casó mi madre o las veleidades de Elena” (1930), las tres de Carlos Arniches; “Papá Gutiérrez” (1931), de Francisco Serrano Anguita; “Doña Hormiga” (1933, tres representaciones), de Álvarez Quintero; “Vivir de ilusiones” (1934), de nuevo de Carlos Arniches; “Los pellizcos” (1935 y 1936, dos representaciones), de Navarro y Torrado; “Madre Alegría” (1938), de Luis Fernández Sevilla; “El escudo de la ciudad” (1940), de Juan María Gorricho; “Mi casa es un infierno” (1940), de José Fernández del Villar y el archiconocido sainete cómico-musical “Rioja Alta” (1943, tres representaciones), de Víctor Miguel Zaldo y Leopoldo Vallés.

Tal y como se puede observar en los programas de mano, en las dieciocho representaciones actuaron más de una centena de actores calceatenses, muchos de los cuales repitieron en numerosas ocasiones, por lo que se puede afirmar que el Cuadro lo componía un grupo más o menos estable, enriqueciéndose con la participación de otros actores cuando las obras así lo requerían.

El núcleo principal de actores destacó de manera especial por sus dotes interpretativas, siendo variadas y muy acertadas sus intervenciones a juzgar por las crónicas periodísticas del momento. Entre ellos se puede destacar a María Ángeles Capellán, Ramona Riaño, Carmen Rodríguez, Milagros Robredo, María Teresa de Felipe, María Teresa Ferrer, Justo Santamaría, José María Morrás, Gerardo Ortega, Benito Batanero y Víctor Miguel Zaldo. El único actor que participó en todas ellas fue José María Morrás. De entre las mujeres habría que mencionar a María Ángeles Capellán, que participó en once de las dieciocho representaciones, y a Milagros Robredo y Ramona Riaño, que lo hicieron en nueve. También habría que mencionar a Víctor Miguel Zaldo, que actuó por ejemplo en las obras “El señor Adrián el primo o qué malo es ser bueno”, “Para ti es el mundo”, “Me casó mi madre o las veleidades de Elena” y “Los pellizcos”. En estas obras Zaldo coincidió con actores como María Teresa Ferrer, José María Morrás y Benito Batanero, a los cuales daría papeles principales en “Rioja Alta”. Sin duda alguna su experiencia como actor fue fundamental a la hora de escribir esta conocida obra.

La tradición teatral aficionada de la ciudad continuó en los años 50, decreciendo en las décadas posteriores. No obstante, a partir de la década de los 90 volvió a experimentar un nuevo impulso con el nacimiento de la Asociación Teatral Calceatense, que con tanto acierto y trabajo estrena cada año sus obras en el Teatro Avenida y organiza la representación “Los Milagros del Santo”.

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