La singular Procesión de la Rueda

La Procesión de la Rueda, celebrada a primeras horas de la tarde de cada 11 de mayo, es uno de los actos más multitudinarios de las fiestas calceatenses. En los últimos tiempos ha tomado especial protagonismo la juventud, la cual participa de forma masiva, tal y como se puede comprobar en la fotografía tomada por José Antonio López Hueto y que ilustra este artículo.

La ceremonia, que consta de varias partes y en la que sobresale la interpretación en la catedral del villancico titulado Resuene, está cargada de gran singularidad. Un observador ajeno a la ciudad se quedará sin duda sorprendido ante la cuasi veneración de un elemento en principio tan vulgar como una rueda de carro ricamente engalanada, y de la gran manifestación de alegría que la rodea.

Sin embargo, esta vistosa ceremonia hoy ha perdido su significado inicial. El origen de la misma es la ofrenda anual de una rueda de cera que la ciudad hacía a su patrón y fundador la víspera de su festividad en gratitud por sus hechos y milagros. Su nacimiento puede ser medieval y se ha repetido durante siglos, si bien ha experimentado numerosas modificaciones. Una de las más importantes se produjo a finales del siglo XVIII, la cual provocó la construcción de la actual rueda y asentó una nueva interpretación del acto.

En 1768 Carlos III obligó al regimiento de la ciudad a reducir el valor de la cera ofrecida cada 11 de mayo de 1.524 reales a 500 en virtud de una decisión que pretendía acabar con gastos innecesarios. Con tal motivo en 1769 el regimiento construyó el actual artefacto cuyas velas colocadas en su base equivaldrían a esos 500 reales, y así se lo ofrecería al Santo ese mismo año. La novedad en la ofrenda provocó el enfado del cabildo catedralicio que, a pesar de proceder de un mandato real, se negó a recibir la Rueda en 1770 mientras no se volviese a la ofrenda tradicional. Ello dio lugar al largo Pleito de la Rueda, al que se sumó el marqués de Ciriñuela como interesado que era por recibir una parte de esa cera en su capilla. Finalmente la Corona se pronunció a favor del ayuntamiento, por lo que el cabildo se vio obligado a aceptar la nueva ofrenda, y así hasta hoy.

La conversión de la primigenia rueda de cera en una rueda de carro engalanada ayudó a que se consolidase una nueva interpretación de la ofrenda, la cual ya había sido adelantada por José González de Tejada en 1702. Así, a partir de entonces la ceremonia fue tenida como un homenaje a uno de los más famosos milagros de Santo Domingo de la Calzada, el que habla de la salvación de un atropellado por un carro que transportaba materiales para las construcciones que estaba realizando el propio Santo. Se perdía con ello el verdadero sentido de agradecimiento al fundador por todos sus milagros y por todos los hechos que había protagonizado en vida.

Pero esa antigua Ofrenda de la Rueda aún experimentaría más cambios, pues ya en el siglo XIX se convertiría definitivamente en la Procesión de la Rueda. Hasta 1840 el Hospital del Santo o Santo Hospital, que acogía a los peregrinos y enfermos, estuvo ubicado en plena calle Mayor, en el actual Parador de Turismo. La ofrenda había partido hasta ese año desde este tradicional edificio situado frente a la catedral. En ese año el Hospital, y por tanto la atención a los peregrinos, se trasladó al exconvento de San Francisco, con lo que el inicio de la ceremonia también se mudó a la nueva sede. Así nació el actual procesionado desde San Francisco, en realidad desde el nuevo Hospital de peregrinos.

Finalmente otro de los elementos que también cambiaría sería la pieza musical interpretada en la catedral. En las últimas décadas del siglo XIX, debido a la decadencia de la capilla de música, se dejaron de componer villancicos para esta ceremonia, con lo que a partir de entonces se fueron repitiendo los guardados desde tiempo atrás en el archivo musical catedralicio. Alrededor de 1916 se optó por interpretar el conocido como Resuene, que triunfó de tal manera que todavía se sigue interpretando. Sin embargo, dicha pieza, compuesta por Villadagut en 1818, no es un villancico compuesto para este acto de la Rueda, sino que fue realizado para ser cantado el 12 de mayo, festividad de Santo Domingo de la Calzada.

En fin, estamos ante una vistosa y antigua ceremonia cívica y religiosa cuyo original significado de agradecimiento al Santo fundador ha perdido protagonismo y que ha ido evolucionando con el paso de los siglos.

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