El primer frontón conocido de la ciudad

La ciudad calceatense ha mantenido una tradicional y arraigada afición al juego de la pelota a mano que se puede remontar varios siglos. Ejemplo de ello es la construcción de un frontón en el año 1692, si bien es muy probable que con anterioridad ya existiese algún otro. Este frontón tuvo una larga trayectoria, pues se mantuvo en activo por lo menos hasta comienzos de la década de 1920.

Desde este último año Santo Domingo de la Calzada ha contado con otros cuatro. El primero de ellos fue propiedad del Círculo Tradicionalista, que regentó en las primeras décadas del siglo XX el situado en el Espolón, a la altura de la actual calle Alberto Etchegoyen. El segundo fue el Frontón Jardín, construido en 1944 por Pedro Serrano y Constancio Quemada, el cual tenía su entrada al final de la calle Isidoro Salas. Posiblemente se le bautizó con ese nombre como homenaje al frontón que con la misma denominación se había inaugurado en Madrid el 19 de julio de 1942 en el número 32 de la Carrera de San Jerónimo. Tras años de gloria deportiva, el Frontón Jardín calceatense dio paso al tercero de ellos, el Frontón Municipal de Margubete, inaugurado en 1969 en dicho barrio y que sería cubierto en 1973. Éste vivió sus mejores momentos en la década de los 80 del pasado siglo. Finalmente en 2005 se construyó un nuevo frontón municipal en el polígono industrial San Lázaro que dispone además de otros tres más pequeños.

Hasta principios del siglo XX los frontones fueron conocidos por el deporte que en él se practicaba, es decir “juego de pelota”. Como se ha señalado, el primer frontón o juego de pelota hoy conocido en la ciudad es de 1692 y su construcción no estuvo exenta de polémica. En realidad no fue una obra completamente nueva, pues lo que se hizo fue adecuar la esquina que formaba la muralla de la ciudad en su zona este, junto a la entrada de la actual calle Pinar. Esta puerta de la muralla era conocida entonces como puerta de la Parrilla por denominarse así el comienzo de la indicada calle. En este lugar la muralla hacía un quiebro de noventa grados muy apropiado para convertirlo en un juego de pelota.

Pero, como se ha señalado, su construcción no fue una cuestión pacífica, pues no todos en el ayuntamiento se mostraron conformes con que se habilitase esa zona del cerco amurallado; alegaban que la intervención afectaba a la muralla, el principal elemento defensivo de la ciudad. Así, el regidor Pedro Merino Muñatones consideró que los 3.300 reales que se habían invertido en la obra eran excesivos, pero estaba especialmente contrariado por la eliminación del terraplén que existía junto a ese tramo de la muralla para convertir ese espacio en juego de pelota. Ese terraplén al que se refería no era otra cosa que el foso o cava que existía al pie del muro, la cual se tuvo que llenar para habilitar la superficie en la que poder jugar. Al ser eliminada dicha cava, se debilitaba la función defensiva del amurallamiento de la ciudad por ese flanco. El señalado regidor pedía explicaciones y en concreto quería saber con qué orden se había ejecutado y qué caudales se habían sacado.

Sin embargo, otros regidores se manifestaron a favor, y en concreto Baltasar Hernández de Soto señaló que estaba muy gustoso por haberse hallado un sitio tan a propósito para un entretenimiento tan loable, indicando que se trataba de un “ejercicio decente para todo género de personas”. De sus palabras se deduce el éxito que ya tenía entonces este juego.

No obstante, a pesar de las anteriores reticencias, el frontón se construyó y permaneció como tal hasta que en 1920 se comenzó a levantar en su terreno el ya desaparecido Teatro Calceatense. Para su construcción se aprovecharon los dos muros del frontón, los cuales cerraban los lados norte y oeste del coliseo. Al ser vendido al monasterio cisterciense de la Anunciación, las madres Bernardas lo derribaron a principios de los años 60 y construyeron sobre el solar del antiguo juego de pelota su actual hospedería. Aún se aprecian, especialmente en el jardín de entrada a este establecimiento, restos de la muralla medieval que en su momento formó parte de uno de los primeros frontones que tuvo la ciudad.

En la imagen inferior se observa el resto del muro y en un segundo y alejado plano la parte posterior del frontis del viejo Frontón Jardín.

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