Un edificio singular y en peligro: el corregimiento y cárcel real

Un edificio singular y en peligro: el corregimiento y cárcel real

La plaza Mayor de Santo Domingo de la Calzada es un amplio espacio de bella estética dieciochesca proporcionada por los edificios del ayuntamiento, de la antigua alhóndiga y pósito, y del viejo corregimiento, cárcel real y juzgado.

De entre ellos el más interesante es sin duda este último, el cual es uno de los edificios más relevantes y singulares de la ciudad. De manera incomprensible se viene deteriorando desde que en 1999 abandonara su función jurisdiccional, a pesar de varios intentos de recuperación y restauración. Su ruina sería irreparable, cayendo sobre los calceatenses de hoy la responsabilidad por la pérdida de esta joya histórica y arquitectónica.

Su interés e importancia son indiscutibles. En primer lugar se trata de uno de los escasos edificios españoles, quizás el único, que durante toda su historia, y de manera ininterrumpida, desempeñó una función jurisdiccional. Es decir, desde que se construyó en 1763 hasta el señalado año 1999 estuvo destinado a juzgado y cárcel. Por otra parte, desde el punto de vista arquitectónico, se trata de un excepcional ejemplo de juzgado y cárcel del siglo XVIII, pues fue diseñado de manera expresa a tal fin, y aunque en sus más de doscientos cincuenta años de historia fue redistribuido, sus elementos esenciales se han mantenido prácticamente intactos. De entre ellos hay que destacar las celdas situadas en su planta baja.

BREVE HISTORIA CONSTRUCTIVA
En julio de 1761 se aprobaba por el regimiento o ayuntamiento de la ciudad la compra de una casa propiedad del capellán Vitores de Chinchetru y su terreno anejo, situados ambos junto a la alhóndiga, con el fin de construir un edificio que albergase una nueva cárcel real y la sede del corregimiento. A pesar de concederse el permiso para su construcción por parte de la Corona, surgieron problemas con la delimitación de la propiedad del terreno que se iba a ocupar, los cuales demoraron un tiempo el inicio de la obra. En concreto la familia Martínez de Pisón reclamaba la propiedad de una parte.

Hasta entonces la cárcel real, o sea el lugar donde se apresaba a los condenados y detenidos por el corregidor, institución que ejercía la justicia del rey, se ubicó en la plaza del Santo. El cabildo catedralicio, y en particular el obispo Andrés de Porras, deseaban construir una torre-campanario digna del templo, por lo que adquirieron la ruinosa cárcel pública. El cabildo ofreció por la cárcel vieja 9.000 reales, 5.000 en dinero y 4.000 en materiales. Al ayuntamiento le pareció bien la oferta y se la vendió.

Por otra parte el corregimiento no tenía una sede permanente, siendo la casa particular del corregidor el lugar en el que se celebraban los juicios.

Fue el arquitecto Martín Arluciaga quien diseño el nuevo edificio, el cual se inició en 1762. Las obras avanzaron rápidamente, pues en enero de 1763 ya se preparaba la carpintería, realizada por Domingo Sagasti. Según la leyenda existente en la fachada, en ese mismo año, siendo corregidor Pedro Nolasco García Celdrán, se concluiría la obra arquitectónica, si bien todo parece indicar que en realidad no se había habilitado aún el piso superior. En principio lo más urgente era concluir la parte inferior, es decir la cárcel, para poder apresar en ella a los detenidos. Hay que tener en cuenta que esta cárcel daba servicio a todo el Corregimiento de Rioja.

En los siguientes años se continuó con la adecuación del resto de las plantas, en concreto la vivienda del corregidor, la sala de vistas y otras dependencias. Así, a principios de enero de 1767 se estaban colocando los ornamentos de la capilla y a finales del mismo mes se encargaban labores de albañilería, cerrajería y carpintería a José Bustillo, Antonio Izquierdo y José Urraca respectivamente para preparar y distribuir los cuartos principales y habitaciones. Las obras concluyeron en enero de 1768, sin embargo no sería hasta 1770 cuando comenzaría a residir en él el corregidor, el cual era ya Francisco Javier Gascón.

UNAS POCAS NOTAS DE SU HISTORIA
El edificio ha vivido desde entonces múltiples capítulos de la historia contemporánea de la ciudad. Así, en 1793 fueron apresados en él unos vecinos de Alesanco que simpatizaban con la Revolución Francesa. Durante la Guerra de la Independencia, al ser ocupado el ayuntamiento por las tropas francesas, el regimiento se reunía en él. Ya en 1823, en el Trienio liberal, se encastilló con el fin de poder vigilar desde él el flanco norte de la ciudad.

Con la creación de los definitivos partidos judiciales en 1832, desaparecieron los corregimientos, siendo sustituidos por los juzgados de primera instancia. Con ello el edificio pasó a albergar esa nueva institución judicial y el Juzgado Municipal, siendo también la residencia del juez.

En 1883, con motivo de la sublevación republicana del Regimiento de Numancia, en él fueron juzgados los cuatro sargentos que encabezaron el levantamiento y que serían condenados a muerte.

Ya en la Guerra Civil, especialmente durante los primeros meses tras el golpe de estado, fueron detenidos en sus dependencias un buen número de calceatenses y comarcanos. Unos serían soltados tras varios días de presidio y otros correrían peor suerte al ser trasladados a otros penales, terminando sus días asesinados.

A todo ello habría que sumar los numerosos presos comunes que fueron juzgados en su sala y que durmieron en sus celdas. Muchos dejaron constancia de su paso grabando en las paredes sus nombres y las razones de su presidio.

La clausura definitiva del juzgado de primera instancia de la ciudad se produjo por Orden de 31 de mayo de 1966, pasando el edificio a ser sede del juzgado comarcal, con menores competencias. Años después, en 1977, se suprimían también éstos juzgados junto con los aún vigentes juzgados municipales, con lo que el calceatense pasó a la categoría de juzgado de distrito. Con la aprobación de la Ley Orgánica del Poder Judicial de 1985 y la Ley de Demarcación y Planta Judicial de 1988 se transformaba de nuevo todo el panorama jurisdiccional español, eliminándose los juzgados de distrito. El juzgado pasó a ser un mero juzgado de paz. Esta fue la última función que desempeñó el edificio hasta 1999, año en el que fue trasladado a unas nuevas dependencias en el ayuntamiento.

Desde entonces el edificio languidece irremediablemente convirtiéndose en almacén y siendo arreglado de manera precaria para evitar su ruina definitiva. Para Santo Domingo de la Calzada sería catastrófico perder un ejemplo arquitectónico único que enriquece sobremanera su excepcional patrimonio histórico y artístico.

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