Santo Domingo de la Calzada pudo ser capital de provincia

Santo Domingo de la Calzada pudo ser capital de provincia

Con la Constitución de 1812, conocida también como Constitución de Cádiz, España dio paso al liberalismo y a una nueva configuración administrativa, política y judicial del Estado, si bien aún tardaría en consolidarse debido a dos interrupciones en los períodos 1814-1820 y 1823-1833, en los que España volvería al absolutismo.

Con el paso del tiempo el nuevo régimen liberal consiguió una progresiva renovación de todas las instituciones y de la estructura territorial del Estado naciendo, entre otras, las provincias. Su creación tuvo su fundamento en el artículo 11 de la Constitución, que señalaba: “Se hará una división más conveniente del territorio español por una ley constitucional, luego que las circunstancias políticas de la Nación lo permitan”.

Aunque la división provincial no se consolidaría hasta 1833, fue en 1820, en el conocido como Trienio liberal, cuando se comenzó a diseñar. Entre el 20 de junio de 1820 y el 18 de marzo de 1821, Felipe Bauzá y José Agustín de Larramendi se encargarían de realizar los trabajos, aprobándose la división definitiva el 27 de enero de 1822. No obstante su vigencia apenas duró un año, pues con la nueva derogación de la Constitución en 1823, se volvió al viejo sistema de corregimientos e intendencias.

La ciudad calceatense fue protagonista esencial en la génesis del provincialismo riojano, participando en él de forma activa. Un ejemplo fue la reunión celebrada el 6 de mayo de 1814 en el Ayuntamiento de Nájera con representantes de las localidades de Nájera, Logroño, Haro, Arnedo y Santo Domingo de la Calzada, cuya finalidad era “tratar de los recursos oportunos para solicitar del Gobierno la erección en Provincia de la Rioja desde las faldas de Montes de Oca, la Calzada real a la derecha de Bilbao hasta el Ebro, desde Monasterio hasta Puente la Rad comprendiéndose los cuatro pueblos pequeños situados entre ésta y las grandes montañas de Pancorbo a Besantes y el Condado de Treviño que siempre ha sido y es parte de la Rioja hasta el río Alhama de oriente a Poniente, y de las Sierras de Tolonio a las de los Cameros aguas vertientes a el Ebro de Norte a medio día”. En esa reunión se habló de la conveniencia de la creación de la provincia acudiéndose a argumentos económicos y demográficos. Sin embargo todo se iría al traste unos días después, pues el 10 de mayo Fernando VII disolvía las Cortes constitucionales y derogaba de nuevo la Constitución de 1812.

Como ya se ha señalado, en 1820, después del Sexenio absolutista y de nuevo vigente la Constitución de Cádiz, se volvió a retomar la división provincial del país, siendo la Sociedad Patriótica de Logroño la institución que más trabajó por crear una provincia riojana. Se reanudaron las reuniones y los días 25 de mayo, 26 de junio y 22 de julio de este año se reunían representantes de Logroño, Santo Domingo de la Calzada, Arnedo y Haro para tratar nuevamente la creación provincial y remitir su demanda conjunta a las Cortes, viéndose ésta en Madrid el 5 de noviembre.

Estos debates iniciales generaron en el ayuntamiento de Santo Domingo de la Calzada un especial interés, al ver en ello una oportunidad para hacerse con la capitalidad de la provincia de la Rioja que se pretendía crear. El 1 de diciembre de 1820 el alcalde de la ciudad, Miguel Antonio de Tejada y Otálora, remitía al cabildo catedralicio una carta en la que manifestaba su intención de gestionar la elección de la ciudad como capital de la nueva provincia. Pedía el apoyo del cabildo en un asunto de tanto interés para la ciudad. El ayuntamiento nombró a los regidores Vicente Garrido y Rufino García como comisionados para el asunto y el cabildo respondió nombrando a los canónigos Tiburcio Calleja y Millán López-Dábalos. En su respuesta la catedral decía que el asunto era “un pensamiento muy loable y digno de toda nuestra consideración por los indudables beneficios que proporcionaría a su vecindario”.

La pretensión de la ciudad tenía sólidos fundamentos, pues desde época medieval era cabeza de la merindad y corregimiento de Rioja, incluyendo localidades tan relevantes como Haro, Nájera y San Asensio. Además reunía otros argumentos como por ejemplo ser sede episcopal, disponer de buenas comunicaciones o tener un claro peso comercial, en resumen, ser cabeza judicial, religiosa, económica y administrativa de un amplio territorio. Sin embargo el proyecto de Bauzá y Larramendi, leído en las Cortes el 19 de junio de 1821, señaló a Logroño como la capital de esa nueva provincia que ya se empezaba a conocer como provincia de la Rioja, si bien al final se aprobaría como provincia de Logroño al ser elegida ésta como su capital. La ciudad logroñesa, además de llevar la iniciativa provincialista a través de su Sociedad Patriótica y de su ayuntamiento, reunía otras condiciones importantes como tener mayor población, poseer una sólida actividad comercial y tener una estratégica posición geográfica al ubicarse en el centro de la nueva provincia y a escasos kilómetros de las provincias de Álava y Navarra. La designación de Logroño se aprobó el 15 de octubre de 1821 y a los pocos días el ayuntamiento de Logroño agradecía al de Santo Domingo de la Calzada la felicitación que éste le había hecho llegar “por el sumo gusto que les había causado el que aquella ciudad se hubiese hecho cabeza de la Provincia de la Rioja”.

Para saber más: DÍEZ MORRÁS, F. J., “Tiempo de cambios. Santo Domingo de la Calzada entre el Absolutismo y el primer Liberalismo”, en DÍEZ MORRÁS, F. J., FANDIÑO GÓMEZ, R. G. y SÁEZ MIGUEL, P., Historia de la ciudad de Santo Domingo de la Calzada, Logroño, Instituto de Estudios Riojanos, 2009.

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