Letreros de hace 150 años

Letreros de hace 150 años

Las calles de nuestra ciudad conservan aún varios testigos de la primera numeración sistemática de casas que se hizo en toda España. Se aprobó mediante real orden de 31 de diciembre de 1858 y fue una muestra de la incipiente modernización y reorganización que muy lentamente se iba llevando a cabo en la Administración española. Su finalidad fue fundamentalmente fiscal y estadística, si bien también facilitó la prestación de servicios tan estratégicos como el de Correos.

Pero además de numerar las casas de todo el país, la norma obligaba a poner los nombres de las calles y manzanas, a rotular los edificios de uso público, ya fuesen públicos o privados, y a colocar los nombres de las poblaciones en sus entradas principales.

Sin embargo no fue hasta la real orden de 24 de febrero de 1860 cuando se establecieron unas reglas muy concretas y detalladas acerca de cómo realizarlo, siendo esta norma el más firme intento por aportar uniformidad y orden a la farragosa y variada numeración de edificios y a la nomenclatura de las calles y plazas.

Por otro lado, como la finalidad era esencialmente fiscal, obligó a modernizar y actualizar los precarios censos de viviendas y edificios. Los ayuntamientos tuvieron que crear un registro en el que se inscribían no sólo las casas con sus números correspondientes y las calles en las que se encontraban, sino también las sucesivas modificaciones que se fueran produciendo. Con este sistema se facilitaba la localización de inmuebles.

La real orden se desarrollaba mediante veintitrés reglas. Establecía cuatro categorías de vías, en concreto las calles, las plazas, las plazuelas y los paseos. Por paseos se tenía “los parajes o términos de población donde exista solo una acera de casas, sin probabilidad de que se construya otra fronteriza por haber río, muralla u otro impedimento análogo”. Por otro lado se señalaba que toda casa debía tener obligatoriamente su número colocado sobre la puerta principal. A la izquierda de la calle discurrirían los números impares y a la derecha los pares. Si la casa tenía fachadas a dos calles, en la secundaría se debía colocar el mismo número que en la principal pero con la palabra “accesorio”. Si de un solar surgían dos casas, se designaría una como “duplicado”. Las plazas debían tener una numeración seguida y correlativa. En las localidades de menos de 150 casas la real orden indicaba que no era necesaria la numeración impar y par, sino que se debía hacer seguida. También indicaba que los azulejos con los nombres de las calles se debían situar “a la izquierda del transeúnte y en el sentido en el que han de leerse”, así como en los faroles de iluminación. En las entradas de las localidades se debía colocar otro azulejo a la izquierda de las mismas en el que se escribiese el nombre de aquella, indicando además si era capital de provincia, cabeza de partido y el nombre de la provincia a la que pertenecía. Además se tenían que rotular los edificios de uso público como los ayuntamientos, los juzgados, las cárceles, las escuelas, los hospitales, ya fuesen públicos o privados, las beneficencias, las iglesias y templos, las fuentes y los puentes, señalándose su nombre y destino. También se indicaba que “se procurará” que los nombres se escriban en lengua castellana.

Los rótulos se debían hacer en azulejo blanco con números y letras en azul y todos uniformes. Los de las calles tenían que ser costeados por los ayuntamientos y los de los edificios, tanto los números como otras indicaciones en los casos en los que así fuese, por los propietarios de los mismos. Se mandaba hacer una revisión cada cinco años a contar desde el 1 de enero de ese año de 1860.

En un principio el plazo concedido para realizar la rotulación fue de dos meses. En nuestra provincia una circular del Gobierno Civil de Logroño dirigida a los ayuntamientos ampliaba el plazo hasta el 15 de julio de 1860 debido a que no se había generalizado su colocación. El ayuntamiento calceatense designó a los señores concejales Hidalgo y Arenzana para que se ocuparan de todo ello.

A pesar de la ampliación del plazo, la colocación de placas no se llevó a cabo en esta provincia de forma inmediata, pues una nueva circular publicada en el Boletín Oficial de la Provincia de 21 de septiembre de 1863 mandaba hacer el recuento de edificios y la rotulación de calles y lápidas para las entradas de la ciudad según el modelo señalado. Finalmente los números para las casas se hicieron en azulejo por el propio Gobierno Civil. Un año después estaban listos, pues se informaba al ayuntamiento de la ciudad que debía acudir a Logroño a recoger las placas y abonarlas, colocándose en octubre de 1864, hace 150 años.

Un apreciable número de casas de Santo Domingo de la Calzada conservan su antigua placa numerada. También se pueden ver aún varios azulejos colocados para designar calles, numerar manzanas y señalar edificios públicos y religiosos. Finalmente se pueden observar las placas que se ubicaron en dos de las entradas de la ciudad.

Con respecto a los números de policía, se pueden ver sobre todo en la calle Mayor y en la calle Pinar. De la numeración de las manzanas se conservan los correspondientes a la manzana número cuatro en la fachada lateral de la Real Fábrica de Pérez Íñigo, la número cinco en la esquina de la calle Mayor con la plaza de la Alameda, la número seis en la calle Marqués de la Ensenada y la ocho hacia el final de la calle Mayor. En cuanto a los azulejos con los nombres de las calles, debido a los múltiples cambios de denominación de éstas, se han perdido en su mayoría. Sin embargo aún se conservan dos correspondientes a la calle Marqués de la Ensenada, con el nombre “Travesía de Ensenada”, y el de la “Travesía de la Cruz”, actualmente calle Hilario Pérez. Este último azulejo está colocado en la pared oeste de la ermita de la Virgen de la Plaza.

De los rótulos referidos a los edificios principales de la ciudad se pueden ver varios, concretamente los colocados en la portada principal de la catedral, el de la ermita de la Plaza, el de la antigua cárcel del partido, el del monasterio cisterciense de la Anunciación, aunque bastante deteriorado, y el de la ermita de las Abejas. El situado en el exconvento de San Francisco se ha perdido, aunque se mantiene la huella.

También se mantienen dos de las placas que se incrustaron en las entradas de la ciudad, cuyo texto es: “STO. DOMINGO DE LA CALZADA. PARTº. DEL MISMO. PROVª. DE LOGROÑO”. Son las que se colocaron en el acceso desde el sur por el barrio de La Puebla, y en el acceso norte desde el paseo de La Carrera. La primera está ubicada en el edificio que hace esquina con el Espolón y la calle Rodolfo Varona, y la segunda a la izquierda del arco situado bajo el ayuntamiento.

 

Para saber más:

AZOFRA AGUSTÍN, E. y DÍEZ MORRÁS, F. J., «De mediados del siglo XIX a la actualidad. Del plano de Francisco Coello a la fotografía digital», en AZOFRA AGUSTÍN, E. (coord.), Desarrollo urbano y arquitectónico de Santo Domingo de la Calzada, Ayuntamiento de Santo Domingo de la Calzada, 2011.

 

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