Los inicios del sindicalismo obrero calceatense

Los inicios del sindicalismo obrero calceatense

El auge del sindicalismo obrero español de principios del siglo XX, también llegó a Santo Domingo de la Calzada, una ciudad que en ese momento tenía un relevante tejido industrial. Fue en 1902 cuando se constituyeron en nuestra ciudad las primeras agrupaciones de obreros, y comenzaron a hacerlo con el fin de defender unidos sus intereses ante los patronos. Los datos referidos a ese incipiente sindicalismo calceatense, nos ofrecen además una información muy interesante acerca de la industria local, pues fueron los obreros de los sectores más importantes los que tomaron la iniciativa de asociarse.

Uno de los primeros colectivos que se agrupó fue el de los obreros alpargateros, que al parecer era el más numeroso y reivindicativo. Santo Domingo de la Calzada tenía a principios del siglo XX una importante industria alpargatera que, al contrario que en otras localidades riojanas como Munilla, Arnedo, Calahorra o Logroño, no derivó posteriormente hacia la industria del calzado. El 22 de junio de 1902 se juntaron un buen número de ellos, iniciando la jornada con una reunión en la que participaron tres miembros de la sociedad de alpargateros de Haro. Ya por la tarde se aprobó el reglamento de esta nueva sociedad, basado en el de Zaragoza, y se nombró una primera junta directiva. Estuvo formada por Dionisio Gordo como presidente, Anastasio Lalinde como vicepresidente, Julián Corral como secretario, Esteban Fernández como vicesecretario, Julián Puente como tesorero y Ángel Ceniceros, Saturnino Zapatel, Ponciano López, Evaristo Leiva y Nicolás Merino como vocales. Con este primer trámite iniciaban sus actividades y contactos.

Su primera acción importante se desarrolló unos meses después. El 18 de diciembre, tras numerosas reuniones en las que se plantearon las reivindicaciones y problemas de este grupo de trabajadores, se juntaron en asamblea todos sus socios. El colectivo mantenía contactos con las asociaciones de alpargateros de Haro, Cervera de Río Alhama y Elche para intercambiar experiencias. Ese día, entre otras cosas, se acordó que el presidente, el vicepresidente y el vocal Saturnino Zapatel acudiesen en nombre de todos los obreros a tratar con los patronos el aumento del jornal, el cual ascendía entonces a medio real por una docena de suelas. Sus demandas se inspiraron en las logradas por los obreros de Haro. En la asamblea se puso de manifiesto que sólo la unión de los trabajadores llevaría a la mejora de los jornales y las condiciones de trabajo, animando a que se uniesen a la asociación los que aún no formaban parte de ella.

Al parecer las negociaciones con los patronos no fructificaron inicialmente, pues el 9 de enero de 1903 se aprobaba en una nueva asamblea la convocatoria de una huelga. El alpargatero más importante de la ciudad, Faustino Ibáñez Uzquiza, no había aceptado las condiciones presentadas por los obreros, siendo necesaria la intermediación del alcalde y el secretario municipal. El 12 de enero se llegaba finalmente a un acuerdo y, entre otras cosas, los trabajadores consiguieron que la docena de suelas se pagase a 2,25 pesetas.

Quizás fueron estos logros los que provocaron que otros colectivos iniciasen sus respectivos movimientos asociativos con el fin de poder alcanzar mayores derechos laborales. Así, los obreros cordeleros se reunían el 8 de febrero de 1903 para aprobar un reglamento, y el domingo 15 del mismo mes lo hacían los zapateros. Los curtidores ya habían dado el mismo paso con anterioridad a los alpargateros, y hacía meses que habían formalizado la creación de su asociación, siendo su presidente José Rioja Serrano. De entre los grupos de trabajadores más importantes, únicamente eran los del campo los que aún no habían acordado su agrupación.

Todo parece indicar que el asociacionismo fraguó pronto en Santo Domingo de la Calzada. Un ejemplo de ello fue el gran banquete que celebraron los obreros calceatenses el día 18 de marzo de ese mismo año 1903 para conmemorar el 32º aniversario de la Comuna de París, con representantes de todas las asociaciones obreras de la ciudad. Anastasio Lalinde, de la asociación de alpargateros, abrió el turno de discursos, interviniendo también un compañero de Burgos y Pascual Martínez, obrero zapatero. En sus intervenciones se recordó aquel hito del obrerismo europeo y se abogó por la unión de todos y el fomento del asociacionismo como únicos medios para lograr el bienestar de los trabajadores.

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