Los cambios de nombre de las calles de la ciudad (1ª parte)

Los cambios de nombre de las calles de la ciudad (1ª parte)

Hasta los primeros años del siglo XX, las calles de Santo Domingo de la Calzada conservaron unas denominaciones tradicionales que, en su mayoría, remontaban su origen a época medieval. Nombres como calle Mayor, Pinar o Pinal, de Enmedio, de la Cruz, de la Puebla, plaza del Mercado, o plaza de la Catedral, permanecieron en uso durante siglos. Ya en el siglo XVI nacieron la plaza Nueva al surgir este nuevo espacio público, hoy plaza de la Alameda, y la plaza de San Francisco con motivo de la edificación del convento del mismo nombre. Otras calles tradicionales fueron la calle de la Costanilla, la de las Monjas, las Ollerías y los Cuatro cantones. Normalmente todos estos nombres respondían a usos y características de cada vía, o hacían referencia a su ubicación.

Quizás una de las primeras modificaciones del callejero calceatense se produjo el 11 de julio de 1813 al cambiarse el nombre de la plaza Mayor o del Mercado por el de plaza de la Constitución. Se aprobó con motivo de la proclamación en la ciudad de la Constitución de Cádiz, cumpliendo así con lo prescrito en el decreto de 14 de agosto de 1812.

No obstante, fue a partir de los primeros años del siglo XX cuando comenzó una progresiva, excesiva y posiblemente innecesaria modificación de los nombres de las calles y plazas de la ciudad. Desde entonces diferentes acontecimientos sociales y políticos propiciaron esos cambios, siguiendo con ello una dinámica que se reprodujo en todo el país y que llevó a la sustitución de denominaciones previas, a veces con una larga tradición. Por lo general estos cambios estuvieron motivados por el deseo de honrar a personas ilustres o benefactoras, recordar hechos históricos, o reivindicar acontecimientos, cambios que a veces tuvieron una fuerte carga ideológica. En lugar de asignar esos nombres a nuevos viales, en muchos casos se optó por modificar los preexistentes, lo que llevaría a un baile de nombres que quedó al albur de los cambios políticos del país.

Después de aquel primer cambio oficial de 1813, no se produjeron en la ciudad nuevas modificaciones hasta más de un siglo después. Con motivo de la inauguración del ferrocarril Haro-Ezcaray el 9 de julio de 1916, se modificó el nombre de dos calles. En concreto, la calle la Puebla, actualmente calle Alcalde Rodolfo Varona, pasó a denominarse calle de Escoriaza, en recuerdo de Nicolás Escoriaza y Fabro, empresario concesionario de la línea férrea, y la calle Pinar se cambió a calle de Miguel Villanueva, diputado por el distrito calceatense que había trabajado intensamente en su consecución.

Tras ello no hubo nuevas sustituciones de nombres hasta la década siguiente. Fue el 4 de septiembre de 1924 cuando el ayuntamiento acordó dedicar la calle que subía por el oeste del barrio de la Puebla al beato Jerónimo Hermosilla como homenaje a este ilustre calceatense beatificado en 1906. Junto a ello se previó su urbanización, si bien no fue hasta el 10 de diciembre de 1929 cuando se iniciaron las obras de acondicionamiento de la vía, aprobándose entonces el plano, presupuesto, proyecto y pliego de condiciones para hacer la acera del lado de los números pares.

Un mes después, el 8 de octubre de 1924, a propuesta de un centenar de vecinos, se decidió cambiar de nombre la calle del Medio, denominación que venía ostentando desde tiempos medievales la que pasaría a llamarse calle de Isidoro Salas. Se quiso con ello homenajear a uno de los maestros de la escuela de niños ya fallecido. La razón que se dio fue que por ella “iba diariamente el señor Salas a la escuela”. Isidoro Salas había contribuido de manera especial a la construcción del nuevo edificio de la escuela, llegando a realizar unos planos provisionales para acelerar la obra. Otro maestro, Hilario Pérez, también sería entonces homenajeado, pero al estar aún vivo se solicitó al Ministerio de Instrucción Pública la encomienda de Alfonso XII. Con ambos actos se quería recompensar a “…dichos inolvidables maestros los justos méritos que adquirieron en el ejercicio del magisterio…”. El 12 de noviembre de 1924 la familia de Isidoro Salas agradeció a la corporación la decisión. No obstante el recuerdo de Hilario Pérez permaneció durante años, pues el 20 de junio de 1931, en plena República, se votó una solicitud presentada por varios vecinos para que, finalmente, el ya difunto maestro tuviera su calle. En contra de esta decisión se posicionó el concejal Zuazo por considerar que no era un mérito suficiente el haber cumplido bien con su deber de maestro. Finalmente el 13 de julio se decidió que la travesía de la Cruz, nombre también de origen medieval, pasara a ser travesía Hilario Pérez.

El 16 de marzo de 1925 tuvo conocimiento el ayuntamiento de que sor María de Leiva Guibelondo, nacida en Santo Domingo de la Calzada y religiosa de la orden de San Vicente de Paúl, que ejercía como superiora de la Casa Cuna de la Casilla en Bilbao, “…practicando la hermosa virtud de la caridad…”, había sido propuesta para recibir la Gran Cruz de Beneficencia, al tiempo que se le había ofrecido un importante homenaje. Por tales motivos, y reconociendo que todo ello daba “…realce y brillantez a esta ciudad…”, el ayuntamiento acordó nombrarla hija predilecta calceatense y que su nombre lo recibiera el conocido hasta ese momento como camino de la Estación, al tiempo que se pretendía averiguar la casa en la que había nacido para colocar en su fachada la placa correspondiente. Igualmente, como tenían constancia de que sor María de Leiva iba a visitar la ciudad en el mes de mayo, durante las fiestas patronales, se pidió “…hacer los preparativos del merecido homenaje que se debe tributar…”. El 13 de abril de 1925 se recibió una carta en la que se hacía saber el nombramiento de sor María de Leiva como hija adoptiva de Bilbao, acordando contestar a la misiva recibida dando las gracias por el nombramiento y “…por las laudativas frases que dirige a esta ciudad…”. Así, como se acaba de ver, en un principio la calle sor María de Leiva fue la actual avenida de los Cuerpos de Obras Públicas, antiguo camino que llevaba a la estación de ferrocarril. Como se verá más adelante, con motivo de asignar en 1950 a ese cuerpo la calle que se había adjudicado a sor María de Leiva, ésta pasó a nombrar un tramo de la larga calle San Roque.

Uno de los más ilustres calceatenses de inicios del siglo XX fue Hipólito Casas y Gómez de Andino, fallecido en 1916. El 4 de septiembre de 1925 la corporación municipal acordaba dedicarle una calle nueva que se abriría “…entre la catedral y la escuela graduada…”, la cual nunca llegó a proyectarse. En la misma reunión se le nombró hijo adoptivo de la localidad, aportando entre otros méritos “…sus obras literarias sobre las glorias de esta población…”, además de los importantes cargos que desempeñó como gobernador civil en varias provincias y rector de la Universidad de Zaragoza. Igualmente ese mismo día 4 de septiembre de 1925 se tomó la decisión de que Ignacio Alonso Martínez, abogado y cronista oficial de la ciudad fallecido el 22 de febrero de 1923, también recibiera el título de hijo adoptivo, y que las casas del barrio de San Roque con los números 1 al 15, en una de las aceras, y del 2 al 26 en la opuesta, llevaran su nombre, lo cual tampoco llegó a materializarse.

En la misma reunión municipal se acordó otra modificación en el callejero, en concreto que la plazuela de San Francisco, situada frente al convento, cambiara su nombre por el de plazuela del padre Fresneda, en recuerdo de fray Bernardo de Fresneda que, al igual que los anteriores, se convertía en hijo adoptivo de la localidad. Se recordaba su importante papel en la historia de España como confesor del rey Felipe II y se incidía en que se adoptaba este acuerdo en señal de gratitud por el rico legado que dejó para la ciudad, incluyéndose la fundación de una obra pía para el estudio de los pobres de la ciudad y la gran aportación económica para atender el Hospital de peregrinos.

En la misma junta municipal del 4 de septiembre de 1925 se decidió que la zona conocida como barrio de San Roque se cambiase a calle de San Roque por “…ser uno de los puntos mas urbanizados de la ciudad…”. En la mencionada sesión, los miembros del ayuntamiento pensaron que sería bueno que “…cualquiera parte distinguida y transitada o entidad de población…” llevara el nombre de los “caritativos” fundadores del Santo Hospital, acuerdo que, parece ser, no se llevó a cabo.

(Continuará)

Next Post:
Previous Post: