La Sargentada calceatense de 1883

La Sargentada calceatense de 1883

A las dos y media de la madrugada del 8 de agosto de 1883 se sublevaba en Santo Domingo de la Calzada el Regimiento de Caballería de Numancia acantonado en el exconvento de San Francisco. Su objetivo era reinstaurar la república en España.

Este alzamiento no fue un episodio aislado. Dos días antes se habían levantado los Regimientos Santiago y Covadonga en la ciudad de Badajoz, y casi a la par que la acción calceatense se sublevaba el Batallón de Vizcaya de la Seo de Urgel. A todo ello se sumarían distintos movimientos de civiles y militares en otros puntos de España. Sin embargo, a pesar de todo, el plan no había triunfado, pues la sublevación militar debía haberse producido en otros importantes acuartelamientos que finalmente no secundaron la revuelta. Todo quedó en una sublevación parcial, descoordinada y finalmente fracasada.

En realidad el levantamiento calceatense había nacido derrotado, pues para el día 8 los de Badajoz se encontraban huidos en Portugal y la gran mayoría de la opinión pública lamentaba la intentona. Aún así, el teniente Juan José Cebrián iniciaba en Santo Domingo de la Calzada una acción desesperada que le llevaría a un trágico desenlace. Cebrián sería asesinado por uno de los suyos y cuatro sargentos republicanos serían fusilados cuatro días después.

No obstante, los sucesos de agosto de 1883 se convirtieron en hitos del republicanismo, y esta derrota no llevó al desánimo, pues tres años después, al mando del general Villacampa, los mismos que habían sido derrotados intentarían un último levantamiento militar republicano.

LA PREPARACIÓN DE LA SUBLEVACIÓN
Con la proclamación de Alfonso XII el 29 de diciembre de 1874 concluía la primera experiencia republicana española, la cual había dado comienzo el 11 de febrero de 1873. De entre las distintas ramas del republicanismo surgiría una con un carácter revolucionario comandada por el político progresista Manuel Ruiz Zorrilla, antiguo correligionario de Sagasta. Desde la proclamación de Alfonso XII intentó dirigir varios levantamientos, los cuales no se consolidarían hasta su unión con la Asociación Republicana Militar (ARM), organización clandestina nacida en 1880 en el seno del ejército. La ARM fue ganado terreno y a principios de 1883 contaba con la adhesión de 34 guarniciones. Los progresistas de Ruiz Zorrilla y la ARM prepararían conjuntamente el levantamiento de agosto de 1883.

La ARM fue fundamental en la organización de la sublevación. Era una asociación clandestina de militares creada para reinstaurar la república. A favor de su consolidación y crecimiento estuvo el descontento generalizado de gran parte del ejército debido a las penosas condiciones económicas y materiales, la lentitud en los ascensos y la ausencia de pensiones. La asociación fue creada a principios de octubre de 1880 por Miguel Pérez, aunque su constitución real no llegaría hasta el 1 de enero de 1883.

Ruiz Zorrilla se acercó al ejército prometiendo aquellas demandas militares que venían solicitando. Era consciente de que sus métodos revolucionarios sólo podían triunfar con la participación de un ejército en el que, a pesar de todo, no confiaba demasiado. Pérez, por su parte, también entendió que el líder progresista era fundamental en el proyecto.

Pérez comenzó así una intensa relación epistolar con el político exiliado informándole de los movimientos, de las reuniones y de los avances. Sin embargo la relación no comenzó bien, pues Pérez no obtuvo el apoyo económico de los progresistas, el cual era fundamental para desarrollar su intensa labor de proselitismo.

En diciembre de 1882 se creó la junta definitiva de la ARM. El brigadier Manuel Villacampa fue nombrado presidente y Miguel Pérez se mantenía como secretario. Las diferencias entre militares y civiles comenzaron pronto y una de las más importantes fue la distinta idea de cómo realizar el levantamiento. Ruiz Zorrilla abogaba por la sublevación de la plaza fuerte de Barcelona, y la ARM apostaba por un levantamiento simultáneo de todas las plazas comprometidas. Pero el gran problema seguía siendo la falta de fondos, pues las aportaciones de los civiles llegaban muy poco a poco. Todas estas dificultades provocaron que las diferencias entre el elemento civil y militar se fuesen acrecentando. Ruiz Zorrilla se empeñó en el levantamiento de Barcelona, pues allí tenía importantes contactos que habían ido hablando con los militares.

A pesar de las diferencias, finalmente se consiguió fijar en primavera una fecha para la sublevación, el 29 de junio, pero a finales de este mes quedó al descubierto que los zorrillistas querían un levantamiento en Barcelona para apoderarse de unos 20 o 30 millones de pesetas y con esa cantidad hacer la revolución sin contar demasiado con el ejercito. Esto indignó a Pérez, pues iba en contra de los planes pactados. A partir de entonces todo fue descoordinación, pues los civiles comenzaron a dar órdenes a los regimientos de acuerdo con las intenciones de Ruiz Zorrilla, y éstos a ponerse en contacto con Pérez para aclarar la situación.

Tras una tensa entrevista con López en Barcelona los días 21 y 22 de julio, se fijó como nueva fecha para la sublevación la madrugada del 5 de agosto. Se acordó el levantamiento de las plazas de Barcelona, Valencia, Zaragoza, Badajoz, Alicante y Logroño. El resto de las guarniciones, como por ejemplo Bilbao, Cartagena, Cádiz, Burgos, Sevilla, Granada y Málaga, se irían sumando. Se habló también en la reunión de la lectura de un manifiesto por parte de Ruiz Zorrilla en el que se restablecería la Constitución de 1869.

Pero todo se frustró. Cuando ya habían salido las órdenes para Badajoz y Alicante, el elemento civil propuso que todo se retrasara al 10 de agosto a las dos de la madrugada debido a una noticia que Villacampa había hecho llegar a un redactor de El Porvenir. Se refería a que el día 9 se iba a contar con la unión de un nuevo elemento y con la entrega de una cantidad respetable que un amigo de Madrid había ofrecido dar.

Los telegramas que anulaban las órdenes y que retrasaban todo habían llegaron a tiempo, pero en Badajoz el jefe militar, Serafín Asensio Vega, lo interpretaría de manera contraria, con lo que el levantamiento se verificó. Comenzaba una sublevación que había nacido muerta.

Las órdenes iniciales señalaban la una de la madrugada del día 5 de agosto como el momento del alzamiento. Así se hizo en la ciudad pacense, donde se consiguió dominar a las autoridades militares y civiles, pero el problema era que no se había sublevado ningún otro acuartelamiento en el país, noticia que corrió por todas las redacciones y que provocó que el día 6 los sublevados de Badajoz tuviesen que huir a Portugal.

LA SUBLEVACIÓN DE SANTO DOMINGO DE LA CALZADA
La sublevación de la ciudad riojana, a pesar de haberse realizado tras la frustración de lo de Badajoz, tuvo especial trascendencia, aunque por razones bien distintas, pues fue la única en la que se consiguió apresar y ajusticiar a los sublevados. Ello sirvió de bálsamo para un Gobierno ineficaz.

El regimiento de Santo Domingo de la Calzada era uno de los que tenía mayor número de militares republicanos. Un buen número de sargentos del acuartelamiento calceatense pertenecían a la Asociación Republicana Militar, entre ellos los cuatro fusilados. Pero además algunas fuentes hablan de que varios de los oficiales también estaban comprometidos con la sublevación.

En cuanto a los cuatro sargentos fusilados, no hay duda de su pertenencia a la ARM. Uno de ellos, Fernando Gómez Sedano, al comunicarle su condena a muerte comenzaría a explicar los planes de la sublevación. El propio Manuel Ruiz Zorrilla le había nombrado capitán en recompensa previa por la acción.

Pero además de existir un buen número de militares republicanos, la región contaba con un significativo grupo de civiles zorrillistas dispuestos al levantamiento. El republicanismo era una fuerza importante en La Rioja a pesar de la ausencia de republicanos en el poder. En 1868 en La Rioja fueron los promotores y protagonistas de la Gloriosa Revolución, pronunciándose con las armas en Calahorra, Haro y Santo Domingo de la Calzada, participando en las Juntas Revolucionarias y formando parte de algunos ayuntamientos. También establecieron comités locales del Partido Republicano. A pesar de ello no se convirtieron en una fuerza política mayoritaria en la provincia debido al consolidado sistema bipartidista del último cuarto del siglo XIX. Entre los republicanos riojanos destacaron Cesáreo Muñoz Villanueva y el joven abogado calceatense Francisco de Paula Marín Riaño, que llegaría a ser alcalde de Logroño.

Aunque los otros acuartelamientos riojanos comprometidos con la sublevación no la secundaron, el levantamiento del Numancia tuvo sus acciones civiles paralelas. En Cenicero, por ejemplo, diez hombres incendiaron entre las doce de la noche y la una de la madrugada del día 8 la madera del puente de Torremontalvo tras cortar los hilos telegráficos. En Haro se destruyó la línea férrea en el puente sobre el Tirón, cortándose también el telégrafo.

Se puede afirmar por tanto que en el verano de 1883 existía en la región y en el entorno un importante número de republicanos conocedores del levantamiento y que esperaban el desenlace para manifestar públicamente su republicanismo y reinstaurar la república.

Uno de los republicanos zorrillistas, pieza fundamental en el levantamiento del Regimiento Numancia, fue el cerverano Juan Manuel Zapatero Castillo. En la Primera República había sido jefe de los republicanos riojanos. Se pasó al zorrillismo y participó en Barcelona en la preparación de la sublevación.

El día 31 de julio llegaba a Logroño con la información de que el día 5 de agosto se produciría el levantamiento militar general. Los días previos hubo en Logroño una reunión con militares en la que se encontraba el teniente Juan José Cebrián. Quedó todo a la espera de un telegrama de confirmación en la víspera. Pero el telegrama no llegaba, por lo que se envió un emisario a Zaragoza al cual se le informó de un cambio de planes relacionado con aquella supuesta llegada de fondos para la sublevación. Todo se retrasaba hasta la noche del 9 al 10. Sin embargo algo había salido mal, el día 6 había aparecido en los periódicos nacionales la noticia del levantamiento de Badajoz, lo que modificaba radicalmente los planes.

Ante la situación y convencidos de su republicanismo, los elementos civil y militar de Logroño acordaron actuar por su cuenta y se notificó a Zaragoza sus intenciones de levantarse. En La Rioja los acuartelamientos dispuestos a ello eran, además del calceatense, el de Ezcaray, con un batallón del Regimiento de Infantería Bailén comandado por el teniente coronel Llorens, y otros en Logroño y Calahorra. En Torrecilla en Cameros se unirían todas las fuerzas y de ahí, juntas y en dirección a Tarazona, debían ir a Zaragoza. En cuanto a los civiles se encontraban dispuestos el abogado calceatense Francisco de Paula Marín Riaño y otros muchos entre los que destacan Carlos Amusco y Echarri y Ramón Pérez Arce.

Tras la autorización de Zaragoza el teniente Juan José Cebrián, oficial del Regimiento de Reserva de Caballería nº 24 de Logroño, salió en dirección a Santo Domingo de la Calzada el día 7 de agosto a las dos de la tarde. Su intención era liderar el levantamiento del Regimiento de Caballería de Numancia de Santo Domingo de la Calzada que conocía por haber pertenecido a él. Llegó a las nueve de la noche y se reunió hasta dos veces con los oficiales, lo que confirmaría la participación activa de éstos. Los sargentos, que se encontraban en el cuartel, fueron también informados de los planes. La orden de Cebrián era que debían esperar hasta que se levantase Logroño.

Sin embargo la impaciencia pudo con ellos y Cebrián y Zapatero acordaron iniciar el levantamiento en la madrugada del día 8. Mientras eso se producía, Zapatero y Francisco de Paula Marín subirían a Ezcaray para acordar con el teniente coronel Llorens los detalles de su alzamiento. La primera orden era que debían esperar a la sublevación calceatense.

Zapatero y Marín llegaron a las dos y media de la madrugada a Ezcaray. Llorens no levantó el acuartelamiento en espera del correo de Santo Domingo, correo que nunca llegó. Marín mandó a un emisario para que le informara de lo que había sucedido en Santo Domingo y le indicó que ya se había producido el levantamiento. Llorens tomó entonces la decisión de dirigirse por una vereda a Torrecilla para unirse a Cebrián. Salieron haciendo ver que iban en persecución del Numancia pero en Santo Domingo de la Calzada fueron interceptados por las tropas de Haro. Zapatero y Marín, viendo el fracaso, huirían a Francia.

A las dos y media de la madrugada, el teniente Juan José Cebrián Piqueras había levantado al Regimiento de Caballería de Numancia acantonado en el exconvento de San Francisco de la ciudad calceatense. El maestro de trompetas, tres sargentos primeros y nueve sargentos segundos levantaron a 224 hombres, entre cabos y soldados. Cebrián se había presentado en el acuartelamiento haciéndose pasar por coronel. No hubo resistencia, desconociendo los soldados el porqué y a dónde se dirigían.

El oficial al mando del regimiento era el coronel Ramón Rubalcaba Juárez de Negrón. No dormía en el cuartel. Salió dos horas después en persecución del Numancia acompañado por otros oficiales, que quizás habían formado parte de los encuentros previos con Cebrián pero que ahora perseguían a los levantados.

Por otra parte en Haro se movilizó el Regimiento Bailén. En Logroño lo hicieron los Regimientos Príncipe y Almansa, a las órdenes del Brigadier Martí y el Coronel Almansa, que en principio tenían que haber tomado parte de la sublevación, aunque finalmente y a última hora habían desistido.

Cebrián había salido en dirección a Torrecilla en Cameros. La prensa informó de que a las ocho de la mañana habían llegado a Pedroso los sublevados y que habían parado para reponer herraduras a la caballería, la cual venía descalza por el intenso ritmo. De ahí partirían para Torrecilla por el Serradero. Pasada una legua y media de Pedroso los perseguidores alcanzaron la retaguardia de los sublevados. Setenta soldados se unieron al grupo de O´Mulryan. Los sublevados lanzaron algunos disparos defensivos pero no alcanzaron a nadie. O´Mulryan, viendo lo estrecho del paso hacia el Serradero decidió volver sobre Pedroso para herrar a los animales y darles pienso. Desde allí Rubalcaba envió a un hombre para observar la situación de Torrecilla, el cual informó que las cuatro torres y la puerta de la localidad estaban tomadas.

Los sublevados muy bien podían haber tendido una emboscada a los perseguidores, pero no aprovecharon ese estrecho paso porque en realidad Cebrián no quería derramamientos de sangre. Su plan era juntarse en Torrecilla con otras tropas venidas de Logroño y dirigirse hacia Zaragoza.

A Torrecilla llegaron los sublevados a las nueve de la mañana pero no encontraron a nadie. Cebrián tomó la decisión de esperar a los regimientos supuestamente levantados. Después de unas horas de espera, sobre las seis y media de la tarde, se acercaron ya los perseguidores, a los que se habían sumado cerca de un centenar de rezagados. Ante esta nueva situación, Cebrián decidió proseguir su camino hacia Tarazona. Parece ser que finalmente le habían informado de que el coronel Cortijo con el Regimiento de Lusitania y otro de infantería subían desde Logroño en su busca.

A las seis y media de la tarde llegaban finalmente los perseguidores a Torrecilla. Apercibidos los sublevados, salieron precipitadamente camino de Soria unos sesenta hombres. Pasada la localidad de Villanueva de Cameros y en dirección a Villoslada, en el lugar conocido como “Junta de los Ríos”, uno de los soldados que aún continuaba con Cebrián, Pedro Ramírez Lázaro, “El Pinche”, natural de Albelda de Iregua, quizás ya desanimado, disparó su carabina por la espalda contra Cebrián matándole. Eran las nueve de la noche. Por su hazaña sería convenientemente retribuido y condecorado. El resto de soldados apresó a los cuatro sargentos.

Cebrián fue enterrado en Villanueva de Cameros, siendo retenidos en una habitación del mesón los sargentos Gómez, Cano, Guerrero y Alonso. Ese mismo día 8 de agosto las provincias de Logroño y Soria eran declaradas en estado de guerra por parte de Genaro Quesada y Mathews, capitán general de los Ejércitos Nacionales y general en jefe del Norte. El teniente general Camilo Polavieja y Castillo también declaraba el estado de guerra en las provincias de Sevilla, Córdoba, Huelva y Cádiz el día 10 de agosto. Según la prensa, hubo detenciones de cabos y sargentos. Por su parte la Gaceta de Madrid publicaba el día 9 la suspensión de las garantías constitucionales en el territorio de la Península, decretada por el Presidente del Consejo de Ministros interino, Arsenio Martínez Campos, a reserva de su aprobación por las Cortes. El gobernador de Madrid, conde de Xiquena, informaba el 9 de agosto a los directores de los periódicos la posibilidad de cerrar los que alentasen la comisión de delitos contra el orden público. A su vez mandó cerrar el Casino democrático progresista, el Casino democrático popular y el Centro federal.

El Boletín Oficial de la Provincia publicaba el día 9 el siguiente comunicado del Gobernador Civil:

“En la mañana de ayer salió sublevado de la ciudad de Santo Domingo de la Calzada el Regimiento de Caballería de Numancia, que se encontraba allí acantonado, a las órdenes del Teniente Don Juan Cebrián, perteneciente a la Reserva de Caballería de esta Capital.
Apercibidos del hecho el Señor Coronel, Jefes y Oficiales de dicho Regimiento, salieron inmediatamente en su persecución, la que fue también activamente realizada por columnas del Ejército tan luego como tuvieron conocimiento del suceso las autoridades superiores, dando por resultado la reducción de los sublevados a la legítima obediencia de su expresado Jefe Coronel Sr. Rubalcaba, después de la muerte, a manos de aquellos, del referido Teniente Cebrián, ocurrida sobre las nueve de la noche anterior en el puente de Villoslada, inmediato a Villanueva de Cameros.
Ninguna otra fuerza del Ejército, ni pueblo alguno, ha secundado esta sublevación, anatematizada por todas las personas sensatas; y al publicarlo me cabe también la satisfacción de participar que reina completa tranquilidad en toda la provincia.
Logroño 9 de agosto de 1883. El Gobernador, Tadeo Salvador”.

EL AJUSTICIAMIENTO
El día 12 a las 7 de la mañana se celebraba en Santo Domingo de la Calzada el juicio sumario verbal en el que fueron condenados a muerte los cuatro de los sargentos sublevados que se mantuvieron hasta el final con Cebrián. La sentencia condenó a muerte a José Guerrero Martín, sargento primero, casado, de treinta y tres años y natural de Lobros (Granada); a Fernando Gómez Sedano, sargento primero, casado, de treinta y cuatro años y natural de Campillo (Burgos); a Gregorio Cano García, sargento segundo, soltero, de veintinueve años, natural de Alcántara (Cáceres) y a Félix Alonso Llorente, sargento segundo, soltero, de treinta y tres años, natural de Barajas (Madrid). Al cabo primero Luciano Benito se le condenó a cadena perpetua.
Fueron fusilados sobre las tres del mediodía del día 12 en una huerta contigua al cementerio de Santo Domingo de la Calzada y enterrados en él.

La celeridad para juzgar a los cuatro sargentos y su inmediata ejecución pretendió demostrar a la ciudadanía la firmeza del Gobierno. Quiso ser además una advertencia a los militares levantiscos.

En el mes de octubre y noviembre se publicaban en la Gaceta de Madrid y en el Boletín Oficial de la Provincia de Logroño varios edictos en los que se emplazaba a Manuel Ruiz Zorrilla, al logroñés Carlos Amusco y Echarri, al calceatense Francisco de Paula Marín Riaño, al cerverano Juan Manuel Zapatero Castillo y al jarrero Ramón Pérez Arce, todos ellos en paradero desconocido, con el fin de que respondiesen por los cargos que se les imputaba como consecuencia del levantamiento. En junio de 1884 tendría lugar el consejo de guerra abierto por el que se les condenaba a todos ellos en rebeldía a ser pasados por las armas. Finalmente la pena capital les sería conmutada.

Para saber más:
DÍEZ MORRÁS, F. J., La sublevación de Santo Domingo de la Calzada de 1883, Logroño, Piedra de Rayo, 2009.

Next Post:
Previous Post: