La proclamación de la II República y las Fiestas del Santo

La proclamación de la II República y las Fiestas del Santo

El 14 de abril de 1931, dos días después de la celebración en el país de unas elecciones municipales que otorgaron el poder a los partidos republicanos, era proclamada en España la II República. En Santo Domingo de la Calzada las elecciones depararon el siguiente resultado: por los liberales fueron elegidos Guillermo Gil Martínez, Martín García García, Raimundo Cámara y Daniel Olmos; por los jaimistas, José María Aguilar, Germán Villaverde, Mariano Pinto y Alberto Capellán; y finalmente por los republicanos, Felipe Zuazo, José Olagüenaga, Máximo Bustillo y Tomás Pineda.

La ciudad seguía siendo liberal, aunque por un corto número de votos, pues los carlistas y los republicanos venían por detrás con un peso social notable. Los primeros contaban con una presencia política consolidada desde hacía décadas, reuniéndose en el popular Círculo Jaimista que había sido fundado a principios de siglo. Por su parte los republicanos eran una fuerza social relevante desde las últimas décadas del siglo XIX, aunque con escasa representación en el ayuntamiento calceatense, si bien habían refundado en 1930 su Ateneo Republicano con noventa y cinco miembros. Por su parte los liberales, formados esencialmente por industriales, profesionales y comerciantes, habían venido siendo la fuerza política hegemónica en la ciudad. Tenían en el Casino Calceatense su centro social y de discusiones, a pesar de que en realidad este club había sido fundado ajeno a cualquier ideología política. Desde tiempos de Amós Salvador, diputado nacional por el distrito calceatense, las elecciones las venían ganando ellos. A aquel le sustituiría Miguel Villanueva como diputado liberal de este mismo distrito hasta la dictadura de Primo de Rivera.

La proclamación de la República española hizo que fuesen los republicanos quienes se alzaron con el poder municipal en la ciudad a pesar de no haber ganado las elecciones, y eso se debió a la renuncia del resto de elegidos por su negativa a asumir la nueva legalidad. El primer alcalde fue el abogado José Olagüenaga.

La ciudad se encontraba en puertas de sus fiestas patronales y precisamente fueron éstas las protagonistas de una de las primeras decisiones del consistorio. El señalado alcalde y el concejal Máximo Bustillo hacían llegar al cabildo catedralicio, organizador de las ceremonias religiosas dedicadas al patrón de la ciudad, un escrito en el que indicaban que sólo asistirían oficialmente a la Procesión de la Rueda, no acudiendo al resto de actos religiosos en corporación “por la neutralidad absoluta ordenada por el gobierno a las autoridades en materia religiosa”. El ayuntamiento señalaba también que eso no iba a ser un obstáculo para mantener unas cordiales relaciones, respondiéndose en iguales términos desde el cabildo catedralicio. En realidad los miembros de la corporación acudieron habitualmente a las ceremonias religiosas durante este período republicano, si bien siempre participaron a título particular y sin ocupar lugares de privilegio dentro del templo catedralicio.

La razón por la que sí estaban dispuestos a acudir a la Procesión de la Rueda en corporación era que este acto constituía una arraigada y ancestral ofrenda que la ciudad hacía a su Santo la víspera de la festividad, es decir el 11 de mayo, en agradecimiento a todos sus actos y, en definitiva, a la fundación de la ciudad. Era por tanto un acto con un claro componente civil, aunque también religioso, estrictamente local y alejado de la liturgia oficial de la Iglesia.

Como no podía ser de otra manera, el respeto a las tradiciones religiosas y a las Fiestas del Santo fue una constante en Santo Domingo de la Calzada durante todo el período republicano, lo que era muestra de la laicidad y respeto por las confesiones religiosas de la República. Dicha laicidad sería consolidada jurídicamente en la Constitución aprobada meses después, el 9 de diciembre de 1931.

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