El Voto de San Roque

El Voto de San Roque

La festividad de San Roque fue durante siglos una de las más importantes de la ciudad por ser un santo protector contra las enfermedades contagiosas y las epidemias. Debido a la virulencia de la peste del año 1599 el ayuntamiento de Santo Domingo de la Calzada mandó construir una ermita bajo su advocación y se instauró el Voto de San Roque. El pequeño templo, ya desaparecido, daría nombre al barrio que surgió junto a él y finalmente a una calle de la ciudad.

La devoción a San Roque se puede remontar al siglo XIV, siendo entonces cuando se extendió por Europa. La tradición afirma que nació en Montpellier sobre el año 1295, dedicándose a la atención de los apestados. Falleció en 1327 y su devoción se difundió particularmente por el Camino de Santiago, naciendo cofradías y hospitales de enfermos bajo su protección. Se le suele representar con indumentaria de peregrino o caminante mostrando llagas en la pierna y con un perro a sus pies.

LA PESTE DE 1599
En noviembre de 1596 atracó en Santander un barco procedente de Calais con géneros textiles que portaban el bacilo responsable de la peste bubónica. Las primeras referencias a la presencia de la epidemia cerca de la ciudad calceatense son de abril de 1599, acordándose entonces por el regimiento que un guarda vigilase las puertas de la muralla para controlar la entrada de forasteros. Se aisló también a los pobres y enfermos y se aprobó examinar el grano que se llevase a moler. También se tapió la puerta de Margubete y otras de la ciudad. Por su parte, con el fin de alejar la epidemia, el 16 de abril el cabildo catedralicio aprobó que el siguiente domingo se celebrase una procesión pública en rogativa y se comenzase un novena en la capilla de Santo Domingo de la Calzada. Estas medidas fueron totalmente ineficaces y todo parece indicar que a finales de mayo o principios de junio la peste estaba ya presente. Así, el 28 de mayo se aprobaba la limpieza de las calles y puertas de la muralla cada día por la mañana y por la tarde. Ya a principios de junio se decidió construir tapias o empalizadas exteriores que incluían a los arrabales a modo de cinturón de seguridad. Todo se agravaría con las ausencias del médico y del cirujano locales y la inexistencia de fondos suficientes en el ayuntamiento para afrontar los gastos que provocaba el combate contra la enfermedad.

Ante la imposibilidad de afrontar el brote con prevención y métodos materiales se intensificaron las plegarias y ofrendas. El cabildo catedralicio aprobó a finales de junio la celebración de una novena en el altar de San Roque, pero avanzó el verano y la peste continuaba en la ciudad. Ante esto el ayuntamiento decidió apelar también a San Roque y el 20 de julio aprobó la construcción de una ermita bajo su advocación, lo que nos habla de la importancia del brote y de la desesperación popular. El ayuntamiento realizaba con ello una ofrenda de envergadura a ese santo en nombre de la ciudad y se convertía en patrocinador de la obra. El acuerdo municipal señala además el establecimiento de un Voto a San Roque cada 16 de agosto.

LA CONSTRUCCIÓN DE LA ERMITA
A pesar de la decisión de erigir el templo, en 1602 aún no estaba iniciada la obra. Quizás la demora se debió a la considerable merma de la población en la ciudad no sólo ante los fallecimientos, sino también por la salida de habitantes huyendo de la epidemia, lo que provocaría la disminución de mano de obra y de profesionales capacitados. Por otra parte la peste quedó prácticamente extinguida a finales de ese mismo año 1599, si bien permanecería presente en el entorno durante unos años aunque con menor virulencia. No obstante, el 20 de agosto de ese año 1602, cuatro días después de la festividad del santo, se presentó por fin una primera postura para la obra.

Esta tardó unos años en concluirse, pues el 5 de octubre 1609 los regidores Florián de Arana y Formerio de Leiva encargaban al carpintero Juan de Chavarría por valor de 1.300 reales el maderamen de la cubierta. La construcción avanzó y en 1611 se realizaba el empedrado del suelo. Por fin en 1613 estaba ya terminada la obra arquitectónica y se contrató el retablo. La imagen titular que lo presidía se conserva actualmente en el claustro de la catedral y se trata de una monumental imagen romanista de muy buena factura.

LA RUINA A FINALES DEL SIGLO XVIII
Durante los siglos XVII y XVIII se sucedieron las reparaciones y labores de mantenimiento del templo a cargo del ayuntamiento, pues cada 16 de agosto se celebraba en él la festividad del santo, pero a partir de 1750 esas obras comenzaron a ser más abundantes y costosas. Al parecer en 1793 su situación era insostenible, por lo que se encargó al arquitecto Manuel de Echanove que lo examinase y emitiese un dictamen sobre su situación por estar casi en ruina. Señaló que la obra de reparación ascendería a 3.000 reales y además no aseguraba que se evitase la ruina total. La ermita se reparó, pero en 1796 se acordó su desacralización y su conversión en escuela de niños.

Quizás fue entonces cuando se extinguió el voto anual a San Roque, no obstante la celebración de la festividad de este santo sanador continuó en la ciudad por lo menos hasta comienzos del siglo XX.

Fotografía de portada (imagen de San Roque procedente de su ermita): José Antonio López Hueto.

Fuentes
DÍEZ MORRÁS, F. J., La historia oculta. Antiguas ermitas y viejos lugares de Santo Domingo de la Calzada, Logroño, Piedra de Rayo, 2015.
TÉLLEZ ALARCIA, D., “La peste atlántica de Santo Domingo de la Calzada (1599)”, Berceo, 162 (2012), págs. 85-119.

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