El relieve de la calle Mayor

El relieve de la calle Mayor

En la calle Mayor, frente a la iglesia del convento de las MM. Bernardas, se puede observar encastrado en la pared un sencillo relieve de Santo Domingo de la Calzada bastante deteriorado. La imagen del Santo se sitúa en el centro y dentro de una pequeña hornacina. Esta representación reproduce la antigua imagen que se encontraba en el sepulcro hasta el año 1789, la cual fue sustituida en octubre de ese año por la que actualmente se venera. Junto al Santo se pueden ver un gallo y una gallina, y sobre él una encina con la hoz cruzada, símbolo de la ciudad. El conjunto se adorna con sencilla decoración de flores de lis y guirnaldas verticales.

El relieve data de 1745. Se mandó colocar ese año por el cabildo catedralicio a consecuencia de la cesión que éste hizo al conde de Hervías, Iñigo Manso de Zúñiga y Arista, de la parcela donde la tradición decía que se había producido el famoso milagro del Gallo y la Gallina. El terreno, en ese momento un solar, tenía 9 varas de ancho por 66 de profundidad y llegaba hasta la muralla. Había pertenecido al monasterio de La Estrella de San Asensio, el cual se lo cedió al cabildo por permuta de unos diezmos. Como el cabildo no lo utilizaba para nada, se lo cedió a su vez al mencionado conde de Hervías por doscientos años a cambio de cuatro reales de vellón anuales, que servirían de limosna para el Santo.

UNA ERMITA DEL MILAGRO DEL GALLO Y LA GALLINA

Más de cuatro décadas después de la colocación del relieve, a punto estuvo de levantarse en ese lugar una ermita en honor del famoso milagro.

En enero de 1791 fallecía el canónigo de la catedral Juan Antonio Vicente Serrano. Entre sus mandas testamentarias se incluía una de especial interés. Todo el post mortem de su canonicato y 4.000 reales de vellón más, se debían emplear para la erección de una ermita dedicada a recordar el milagro del Gallo y la Gallina en el mismo lugar en el que la tradición decía que se había obrado el portento. De acuerdo con ello el 16 de abril de 1791 Bernadino de Azcárraga presentaba un diseño del edificio que no se ha conservado.

En principio la voluntad del testador era clara, sin embargo aparecieron dos graves problemas. El primero era que el propio Serrano señalaba a continuación que si no era posible afrontar la obra con la cantidad establecida, se debería realizar el enlosado de la catedral, que presuponía menos caro.

Pero surgió un segundo problema que decantó la cuestión a favor del enlosado. Como ya se ha visto, la parcela del milagro era del cabildo catedralicio, pero se encontraba en manos de los condes de Hervías desde 1745 en virtud del censo de doscientos años. Como es normal, planteado el asunto de la ermita, el conde hizo valer su derecho ante los olvidadizos canónigos, y la construcción del pequeño templo quedó paralizada.

En 1795, desde el obispado se preguntaba por la ermita al cabildo, no en vano éste, ante lo complicado del tema, había pedido el pronunciamiento del provisor de la diócesis en 1791. Tras las pertinentes explicaciones, el provisor mandaba que se enlosase la catedral, cosa que se llevó a cabo de forma inmediata.

La obra fue realizada por el arquitecto Francisco de Echanove y fue en ese momento cuando se colocó la vía sacra, retirada a mediados de la década de 1960, y se reubicó la sepultura del obispo Juan del Pino, cuyo cuerpo había salido incorrupto. Por fin, en diciembre de 1798, la obra del suelo de la catedral estaba terminada, y el proyecto de ermita olvidado para siempre.

Lámina 27

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