El origen de las fiestas de Gracias y Hermosilla

El origen de las fiestas de Gracias y Hermosilla

Durante los días 18 y 19 de septiembre la ciudad celebra sus fiestas de Gracias y San Jerónimo Hermosilla. Aunque hoy ambas festividades se encuentran unidas, en realidad fueron dos citas independientes nacidas por distintas circunstancias.
La fiesta cristiana de Acción de Gracias puede remontarse siglos en la historia calceatense, siendo siempre una jornada móvil en el calendario, la cual dependía de la terminación de la cosecha del cereal y otras labores relacionadas. Por su parte la celebración vinculada a San Jerónimo Hermosilla (1800-1861) se inició con motivo de su beatificación en 1906. Al año siguiente ambas festividades se celebraron por primera vez de manera conjunta, si bien los días 15 y 16 de septiembre. Fue en 1911 cuando pasaron definitivamente a los días 18 y 19 del mismo mes.

La fiesta de Gracias
La acción de gracias por los frutos del campo siempre fue uno de los ritos más tradicionales y consolidados de la liturgia cristiana.
En nuestra ciudad esos frutos eran recogidos durante los meses de agosto y septiembre, siendo el cereal el más importante de todos ellos hasta bien avanzado el siglo XX. Éste se cosechaba en pleno verano, por lo que para principios de septiembre generalmente estaban las labores terminadas. Era entonces el momento de dar gracias a Dios.
En Santo Domingo de la Calzada el día de Gracias no fue un día concreto hasta principios del siglo XX. Hasta ese momento se celebraba el primer domingo más cercano a la finalización de las cosechas, normalmente el primero o segundo del mes de septiembre. Era además el ayuntamiento, como directo conocedor de la conclusión de las labores, el que informaba y proponía al cabildo catedralicio la fecha de su celebración. A título de ejemplo se puede decir que en 1786 la fiesta se celebró el 3 de septiembre, en 1796 el día 4, en 1803 el primer domingo del mismo mes y en 1838 el día 16. En los primeros años del siglo XX no fue exclusivamente en domingo, celebrándose también otros días de la semana, pero siempre alrededor de esas fechas
Por otro lado, y como en la mayoría de los lugares, esta fiesta estaba muy vinculada a la Virgen, siendo su imagen la que acompañaba los actos, los cuales se ceñían a una solemne misa con procesión, bailes, fuegos artificiales y a veces toros. La Virgen sigue siendo aún hoy una de las protagonistas, pues el 18 de septiembre son las imágenes de la Virgen de la Plaza y de Santo Domingo de la Calzada las que presiden los actos religiosos.

Fiesta en honor del beato Jerónimo Hermosilla
La tradición cristiana ha hecho generalmente de la fecha de muerte o martirio del santo o beato venerado, el día de la celebración de su festividad. Ese es por ejemplo el caso del propio Santo Domingo de la Calzada, que según la tradición falleció un 12 de mayo.
Sin embargo con San Jerónimo Hermosilla no ocurre lo mismo, la fecha del 19 de septiembre no se corresponde con su martirio, que aconteció el 1 de noviembre de 1861. Esta fecha es la que en principio hubiera sido la más apropiada para su recuerdo.
Pero no solo no coincide el 19 de septiembre con su martirio, sino que ninguna de las significativas fechas que rodean su biografía tiene nada que ver con ese día. Así, su nacimiento se produjo un 30 de septiembre, la beatificación, momento clave tras el cual nació su festividad y se popularizó su veneración, fue un 20 de mayo y, finalmente, la solemne llegada de sus restos a Santo Domingo de la Calzada se produjo un 1 de junio.
El primer año en el que se celebraron actos en su honor fue en 1906, año de su beatificación, concretamente los días 28, 29 y 30 de septiembre. Pero fue dos años después, en 1908, tal y como señala Pelayo Sáinz Ripa en su libro Jerónimo Hermosilla. Misionero y Mártir riojano, cuando se estableció canónicamente la fecha del 19 de septiembre como la de su festividad.
En sus inicios ésta tenía un carácter estrictamente religioso, celebrándose novenas y una solemne misa, no organizándose por parte del ayuntamiento ningún acto civil. Un ejemplo de ello lo vemos en 1912. Unos días antes de la fiesta, el administrador apostólico concedía autorización para realizar el traslado de las reliquias del beato Hermosilla de las cajas en las que habían venido a las nuevas urnas mandadas construir por el cabildo, señalándose el día 19 para efectuar dicho traslado. En los siguientes años se seguiría potenciando la fiesta religiosa del beato, y en 1917 visitaba la ciudad el vicario apostólico del Tonkín, que celebró la misa pontifical.

La unión de las dos fiestas
En 1906, primer año en el que se honró a Hermosilla, el ayuntamiento propuso como día de Gracias el domingo 23 de septiembre. Por tanto entre ambas festividades hubo una separación de cinco días. Sin embargo, en 1907 se producirá una primera ‘atracción’ de la fiesta de Gracias hacia la del beato. Ese año aún no se había institucionalizado una fecha canónica para recordar a Hermosilla, sin embargo el cabildo catedralicio previó que el 16 de septiembre se celebrarían solemnes oficios en su honor. Por su parte, el ayuntamiento propuso el 15 como día de Gracias con una sólida razón: “a fin de que coincida con la festividad que ha de celebrarse el 16 dedicada al beato Hermosilla”. Tenemos por tanto aquí una primera unión de las dos celebraciones.
Un año después, en 1908, la Iglesia establecía como festividad oficial en honor al beato Jerónimo Hermosilla el 19 de septiembre. Gracias seguía siendo fiesta móvil propuesta por el ayuntamiento, sin embargo la vinculación entre ambas se estaba consolidando. Y muestra de ello es que ese año el ayuntamiento propuso para Gracias el día siguiente al de Hermosilla, es decir, el 20. Y lo mismo ocurrió en los años 1909 y 1910.
Sin embargo en 1911 se produjo un pequeño cambio que fue finalmente definitivo, pues ese año se señaló como día de Gracias el 18 de septiembre y no el 20. Desde entonces y hasta hoy se celebran los días 18 y 19 de septiembre las fiestas de Gracias y Hermosilla. La Acción de Gracias dejaba de ser definitivamente un día diferente cada año, perdiéndose su estricta vinculación con el final de las labores agrícolas.
A pesar de la fijación de la fecha, el ayuntamiento siguió notificando al cabildo entre 1915 y 1918 que el día 18 de septiembre se darían Gracias, tal y como tradicionalmente lo había hecho durante siglos, pero a partir de ese último año se dejó de hacer por ser absolutamente innecesario al haber arraigado ya la fecha en el calendario festivo de la ciudad.

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