A Jovellanos no le gustó la torre de la catedral

A Jovellanos no le gustó la torre de la catedral

Los días 26, 27 y 28 de mayo de 1795 visitó nuestra ciudad el jurista y político Gaspar Melchor de Jovellanos, uno de los personajes más importantes de la Ilustración española. Había llegado a La Rioja el 26 de abril, siendo Santo Domingo de la Calzada la última de sus etapas riojanas. Sus interesantes impresiones las dejó plasmadas en un largo diario.

En esta ciudad se encontró con las élites ilustradas del momento, entre otros con el corregidor Francisco Balanza de Madrid, con Miguel Manso de Zúñiga, Conde de Hervías; con el político y científico Miguel Antonio de Tejada, con el industrial José Antonio Pérez Íñigo y con el beneficiado de la catedral Martín Fernández de Miñano.

Aprovechó su estancia para visitar la catedral, el convento de San Francisco y la Real fábrica de telas de Pérez Íñigo, y también paseó por el Espolón, que le causó una grata impresión. De entre los monumentos calceatenses destacó especialmente el convento de San Francisco, y de la catedral mostró interés por su retablo mayor. Pero si algo llama la atención de sus visita son las despectivas palabras que dedicó a la torre catedralicia, la cual le horrorizó. En concreto sobre ella dejó escrito lo siguiente:

“A la catedral; ¡qué extravagancia!; no habiendo en ella donde hacer torre, se hizo al lado, con calle de por medio, pegada a una casita; pero ¡qué torre!, ¡pestilente! La fachada, moderna y al parecer mala; entramos; la obra antigua parece mejor…”.

Hoy estas expresiones casi ofenden a los calceatenses, pues la torre es unánimemente apreciada por su belleza y mérito arquitectónico, sin embargo sus palabras hay que interpretarlas teniendo muy presente la época en la que se escribieron.

Como arriba se ha señalado, el prócer gijonés estuvo en nuestra ciudad en 1795. La torre de la catedral se había terminado en 1767, es decir, apenas habían transcurrido veintiocho años. Aunque el edificio era un alarde arquitectónico, había sido realizado bajo los esquemas artísticos del barroco, estilo caracterizado por una profusión decorativa y un buscado efectismo. Además se realizó en los últimos tiempos de este estilo, en los cuales las obras experimentaron un mayor recargamiento ornamental. Jovellanos era un hijo del neoclasicismo, un estilo artístico que a finales del siglo XVIII se extendía ya por todas las ramas del arte y que propugnaba la recuperación de la pureza de las formas clásicas, desprovistas de adornos y detalles superfluos. La Real Academia de Bellas Artes de San Fernando se encargó de difundir este nuevo estilo, siendo muestra de ello las obras que a partir de 1770 comenzó a realizar el arquitecto Juan de Villanueva en la Corte, cuyos ejemplos más famosos son el actual Museo del Prado y el Real Observatorio Astronómico.

Por tanto en 1795 la torre de la catedral era una construcción que había pasado de moda, pues imperaban en Madrid los nuevos aires del neoclasicismo. Es normal que a Jovellanos y a sus contemporáneos les resultara una obra decadente y excesiva, sin embargo con el paso del tiempo iría recuperando su verdadero valor, siendo considerada hoy un bello y majestuoso hito arquitectónico.

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